jueves, 29 de abril de 2010
miércoles, 28 de abril de 2010
Hay quien puede, hay quienes nunca podrán.
18 Rugby Street
en un estruendo de alma tu cicatriz me contó
–como contraseña o nombre secreto–
cómo habías intentado matarte. Y oí
sin dejar ni un momento de besarte
como si lo susurrase una estrella serena
sobre la ciudad que giraba retumbando: Mantente lejos de ella
Una estrella cobarde. No recuerdo
como llegué de contrabando, enrollado a ti,
dentro de tu hotel. Allí estábamos
Eras tan delgada y suave y ágil como un pez
Eras un mundo nuevo. Mi nuevo mundo.
Así que esto es América, me maravillé
¡Qué bella, qué hermosa es América!
Ted Hughes.
Famosas últimas palabras.
Yo no tengo miedo a seguir viviendo,
Yo no tengo miedo de caminar este mundo por mi cuenta.
Cariño si te quedas seré perdonado,
Nada que puedas decir podría detenerme de ir a casa.
–My Chemical Romance.
Yo no tengo miedo de caminar este mundo por mi cuenta.
Cariño si te quedas seré perdonado,
Nada que puedas decir podría detenerme de ir a casa.
–My Chemical Romance.
sábado, 24 de abril de 2010
LOST.
"Soy un hombre casado. Me casé con una chica que trabajaba para mantenerme mientras yo intentaba buscar una carrera como actor, así que ella sabe realmente cómo soy. Ella es la madre de mis hijos y todo para mí".
Matthew Fox.
viernes, 23 de abril de 2010
jueves, 22 de abril de 2010
¿Es el corazón del hombre un laberinto?
Uno se pierde en las entramadas redes que tejen los sentimientos; entonces se podría decir que si.
Independiente de la mente (incluso funcionando en contrasentido), el corazón y esta de alguna forma se conectan.
Interactúan entre si, luchando constantemente por ver cual toma el control de las emociones.
Se equilibran –o eso debieran–. Pero uno se pierde entre decisiones encontradas; diametralmente opuestas:
Aquello que uno siente (quiere) en contra de lo que uno cree correcto.
Resulta complicado –si no imposible– comprender los caminos del corazón. Se dice popularmente que es “este” el que manda; es probable, pero habrá que saberlo guiar. Como un niño chiquito; hay que dejarlo ser. Pero si no se le educa correctamente seguro habrá de terminar haciendo pura pendejada.
Independiente de la mente (incluso funcionando en contrasentido), el corazón y esta de alguna forma se conectan.
Interactúan entre si, luchando constantemente por ver cual toma el control de las emociones.
Se equilibran –o eso debieran–. Pero uno se pierde entre decisiones encontradas; diametralmente opuestas:
Aquello que uno siente (quiere) en contra de lo que uno cree correcto.
Resulta complicado –si no imposible– comprender los caminos del corazón. Se dice popularmente que es “este” el que manda; es probable, pero habrá que saberlo guiar. Como un niño chiquito; hay que dejarlo ser. Pero si no se le educa correctamente seguro habrá de terminar haciendo pura pendejada.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
