miércoles, 6 de octubre de 2010

Sigue la mata dando

Hanif Kureishi, es un escritor inglés. En el Página 12 está este ensayo suyo acerca de Los Beatles titulado "Ocho brazos para abrazarte". (El bestial título, parece título de canción de Los Beatles de 1963-65.) El ensayo es hermoso; porque como siempre con los Beatles, no trata de ellos, sino de ese mal eterno que le insuflaron al mundo: la posibilidad de la autonomía.
El tono del ensayo es una de las cosas que lo hace conmovedor, porque es la voz de alguien que lo vivió la que habla, no alguien que lo ve desde una época posterior a los Beatles y desde otra geografía; pero también lo es porque va mutando el tema, el tono, y el argumento del ensayo, como seguramente cambió en el autor el sentimiento que tuvo por ellos durante su vida.
Es decir, hay más literatura hecha a partir de Los Beatles en el ensayo de Hanif Kureishi, que en Tokio Blues de Murakami. Un fragmento:
"Se dice que en una redada realizada en la casa de Keith Richards en 1967 la policía esperó a que George Harrison saliera antes de entrar".

martes, 5 de octubre de 2010

Sergio "Checo" Perez

Sauber, no es lo que era a principios de esta década. La escudería la compró BMW y fracasaron; Peter Sauber se la recompró a BMW, y han estado penando todo el campeonato con pilotos nefastos por viejos y probados como inútiles (de la Rosa y Heidfeld).
En el 2001, firmaron a Kimi Raikkonen y recuerdo que durante el GP de Imola en el Enzo & Dino Ferrari, Kimi -en su cuarta carrera- quitó el volante del auto, no pudo colocarlo de nuevo y se estrelló contra un muro. Uno de los errores más imbéciles. Pero contaba Sergio Rinland ese mismo día durante la transmisión (Rinland era el ingeniero que había diseñado el Sauber de ese año), que Kimi era espectacular; y como Mika Hakkinen había sido campeón un año antes y era finlandés como Kimi, la comparación en aquel entonces descabellada se hizo. Así: "Sergio, Kimi ni siquiera tiene la súper licencia para estar en la Formula 1, está a prueba, y hay quien dice que tiene el talento para ganar carreras como Mika, ¿es verdad?" Sergio Rinland contestó: "Peter Sauber me dijo un día en una prueba, viendo los tiempos de Kimi en la computadora: este chico, tiene más talento que Hakkinen. Va a ser campeón del mundo."
En la portada de una revista ese año salía Kimi con los overalls de Sauber y decía: "Ferrari's next World Champion", pero en lugar de eso firmó para Mclaren, fue subcampeón del mundo dos veces, e hizo carreras más allá de lo brutal: Suzuka 2005. En 2007 llegó a Ferrari cuando se retiró Schumacher, ese año quedó campeón del mundo, por un punto.
Dicen los que verdaderamente saben (Peter Windsor) que quizá sí sea el piloto más rápido que ha estado en la Fórmula 1, es de esos pilotos a la Gilles Villeneuve, James Hunt, Ronnie Peterson, etc., de los que la victoria es una consecuencia de hacer la vuelta que sigue más rápida que la anterior: llegas antes que todos a cruzar la meta.
Felipe Massa era el compañero de Kimi en Sauber en 2001, Kimi lo opaco. Cuando Kimi fue campeón del mundo con Ferrari Massa era su compañero de equipo. Pero Massa también ha ganado carreras y en 2008, casi (por un punto) queda campeón.
Algo debe haberle visto a Sergio Perez Peter Sauber; ojalá lo mismo que a esos otros dos pilotos de principios de los 2000. Y aunque Sauber no es algo importante, sí es el primer escalón:
Todos, desde Kimi, hasta Clark pasando por Mansell, Lauda y Senna y Stewart, se han tenido que ganar sus estrellas.

viernes, 1 de octubre de 2010

martes, 28 de septiembre de 2010

Dean Stockwell

Lores del sith

Que peligroso; opinar con certeza, sin ningún lugar para la duda.
Peor aún creyendo tener la razón, dejando de ser opinión; convirtiéndose en declaración: en absoluto.

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Luis García, como por lo general, hace gala de sensatez:


lunes, 27 de septiembre de 2010

Lecturas que no soportan atajos.

At four-thirty in the afternoon on Monday, February 1, 1960, four college students sat down at the lunch counter at the Woolworth’s in downtown Greensboro, North Carolina. They were freshmen at North Carolina A. & T., a black college a mile or so away.

“I’d like a cup of coffee, please,” one of the four, Ezell Blair, said to the waitress.

“We don’t serve Negroes here,” she replied.

The Woolworth’s lunch counter was a long L-shaped bar that could seat sixty-six people, with a standup snack bar at one end. The seats were for whites. The snack bar was for blacks. Another employee, a black woman who worked at the steam table, approached the students and tried to warn them away. “You’re acting stupid, ignorant!” she said. They didn’t move. Around five-thirty, the front doors to the store were locked. The four still didn’t move. Finally, they left by a side door. Outside, a small crowd had gathered, including a photographer from the Greensboro Record. “I’ll be back tomorrow with A. & T. College,” one of the students said.

By next morning, the protest had grown to twenty-seven men and four women, most from the same dormitory as the original four. The men were dressed in suits and ties. The students had brought their schoolwork, and studied as they sat at the counter. On Wednesday, students from Greensboro’s “Negro” secondary school, Dudley High, joined in, and the number of protesters swelled to eighty. By Thursday, the protesters numbered three hundred, including three white women, from the Greensboro campus of the University of North Carolina. By Saturday, the sit-in had reached six hundred. People spilled out onto the street. White teen-agers waved Confederate flags. Someone threw a firecracker. At noon, the A. & T. football team arrived. “Here comes the wrecking crew,” one of the white students shouted.

By the following Monday, sit-ins had spread to Winston-Salem, twenty-five miles away, and Durham, fifty miles away. The day after that, students at Fayetteville State Teachers College and at Johnson C. Smith College, in Charlotte, joined in, followed on Wednesday by students at St. Augustine’s College and Shaw University, in Raleigh. On Thursday and Friday, the protest crossed state lines, surfacing in Hampton and Portsmouth, Virginia, in Rock Hill, South Carolina, and in Chattanooga, Tennessee. By the end of the month, there were sit-ins throughout the South, as far west as Texas. “I asked every student I met what the first day of the sitdowns had been like on his campus,” the political theorist Michael Walzer wrote inDissent. “The answer was always the same: ‘It was like a fever. Everyone wanted to go.’ ” Some seventy thousand students eventually took part. Thousands were arrested and untold thousands more radicalized. These events in the early sixties became a civil-rights war that engulfed the South for the rest of the decade—and it happened without e-mail, texting, Facebook, or Twitter.


Así comienza este artículo de Malcom Gladwell -de 5 hojas- en The New Yorker.

E en algún momento le dice a Shauna: "The guy has a website that gets a millon hits a day; he can sink a movie faster than Stephen Dorff".
Y hace ya tres años que salió Californication.