domingo, 9 de febrero de 2014

viernes, 17 de enero de 2014

lunes, 13 de enero de 2014

A la edad en que Leo y Cristiano comenzaban su cristalización en elegidos del futbol, Frank Ribéry trabajaba como albañil. Diez años después, el hijo pródigo de München ganó todo lo que es deseado y fundamental para un futbolista: liga y copa alemanas, y la Champions League. Yo creo que en este siglo, en este contexto histórico, apoyar una selección nacional es un anacronismo; y que cualquier forma de orgullo nacional o patriotismo deportivo, cultural, político, social o económico es una de las imbecilidades más grandes de la humanidad. La Champions es el torneo más importante de clubes y no hay participante, que la haya ganado o perdido, que no enuncie la dificultad de ganarla. 

Dice Jerry Seinfeld que todos los premios son estúpidos. Y lo son, dependiendo del valor que se les atribuye, previo a ganarlos o posterior a hacerlo. El Balón de Oro es un premio estúpido porque lo ganó Messi cuando lo tuvo que ganar Iniesta o Xavi, las almas gemelas y, juntos, el mejor jugador de futbol en la historia de España. Porque ganar un Mundial es infinitamente más difícil. Es estúpido porque lo ganó Michael Owen. Es estúpido porque a Cristiano y al madridismo y al As y al Marca, les confirma una idea errónea: Cristiano no es el mejor jugador de futbol y nunca lo será; acaso será el más eficiente de la historia, pero eso no lo hace el mejor -lo que sea que signifique eso. Este año Ronaldo no ganó nada, Messi sólo la liga (sí sólo la liga, porque en esos niveles una liga no basta) y Ribéry lo ganó todo. Pero sin meter los dos mil goles de Ronaldo o los mil quinientos de Messi. ¿Cómo se pondera eso?

El Balón de Oro premia la individualidad, sí. Pero el concepto individualidad tiene diferentes realizaciones. La de Ribéry fue activar un equipo, una afición, un temperamento que se tradujo en un Bayern histórico. Antes de Guardiola. Pero, ay, ¿cómo capitalizamos esos efímeros e inmateriales valores? ¿Cómo contraponerlos a la estadística y el espíritu del cuenta chiles que valoriza más la cantidad de goles anotados que la relevancia e injerencia en un equipo? ¿Cómo venderlos? Hoy, que el futbol de Xavi agoniza y está ausente, el Barcelona le mete cuatro goles al Getafe pero no puede fabricar más de una ocasión de peligro, ya no de gol, ante el Atlético de Madrid. Sin Xavier Hernández Creus, no hay Barça, no hay Leo. He visto el Bayern de Guardiola, periodo durante el cual, lo que se hiciera influiría en la votación para el Balón de Oro, y en él Ribéry ha exhibido que si no tiene el talento de Messi o la eficiencia de Ronaldo sí tiene mucho más carácter que los dos juntos. Veo a Ribéry, Lahm, Thiago, Kroos, Alaba, Müller, Göetze, Schweinsteiger, veo el Bayern de Guardiola y pienso lo que Alfred en The Dark Knight Rises cuando observa el asalto de Bane a la Bolsa de Valores de Ciudad Gótica: "Take a look: his speed, his ferocity, his training. I see the power of believe".

No me atrevería a decir que Ronaldo no lo merece, digo que, desde mi perspectiva, le confirma algo que él mismo no se procura. La carta que le mandó a Joseph Blatter luego de que éste lo arremedara lo prueba. Qué le importa lo que un viejo senil, que le entrega el Mundial a Qatar, piense.

Leo, como dice Santiago Solari de Francescoli, es mi ídolo. Leo para mí es el mejor y lo será hasta que me muera. Me ha llevado a lugares que no sabía que existían. Lo he visto poner los límites del futbol más allá de donde estaban y es justo eso, dicen los que saben, lo que también hicieron Pelé, Cruyff y Maradona. Ronaldo, da la impresión, daría sus ahora dos balones de oro por ganar la Copa del Mundo para, luego, ganar un Balón de Oro. Leo, parece, daría sus cuatro por la Copa del Mundo y luego, un día, volver a Newell's.

Se viene el Mundial y a Leo, previo a la premiación de hoy, entre líneas, se le escapó dónde tiene la mirada puesta. Dicen que de un tiempo a esta parte ya no se contrapone a Ronaldo, sino a sí mismo y la Argentina. Leo trabaja por ser uno de los 2 o 3 mejores de la historia. Cristiano, por ejemplo, trabajó para ser el mejor esta temporada. Hay diferencia.





miércoles, 11 de diciembre de 2013

Ya ni se, si estas lagrimas son del ardor febril en mis ojos, producto de la gripa, o de miedo y de tristeza resultado de la resignación.

lunes, 25 de noviembre de 2013

domingo, 20 de octubre de 2013

El peso de las cosas

En El último lector Ricardo Piglia dice que Ernesto Guevara en los Pasajes de la guerra revolucionaria, escribe: "Inmediatamente me puse a pensar en la mejor manera de morir en ese minuto en el que parecía todo perdido. Recordé un viejo cuento de Jack London, donde el protagonista apoyado en el tronco de un árbol se dispone a acabar con dignidad su vida, al saberse condenado a muerte, por congelación, en las zonas heladas de Alaska. Es la única imagen que recuerdo." 

Sobre ese párrafo, Piglia elabora: "Guevara encuentra en el personaje de London el modelo de cómo se debe de morir. [...] En esa imagen [...] se condensa lo que busca un lector de ficciones; [Guevara] es alguien que encuentra en una escena leída un modelo ético, un modelo de conducta, la forma pura de la experiencia."

También lo hace un lector de películas. Gravedad de Alfonso Cuarón, es un modelo ético. En uno de los tantos artículos laudatorios sobre la película -que aparecieron en El País, en The Atlantic, el New York Times o The Guardian- contaban que a Cuarón, los ejecutivos de los estudios, le sugerían que incluyera flashbacks sobre la historia o un romance de algún tipo entre los personajes. Cuarón se negó. 

Si en el crédito de dirección de la película se quitara "Alfonso Cuarón" y pusieran "Steven Spielberg" o "James Cameron", perfectamente pasaría, y no, como una película tanto del estadounidense como del canadiense. Sí, porque así de alta, altísima, es la manufactura de la obra. Desde la idea hasta su ejecución. Y no, porque que ahí donde Cuarón se niega, se negó, los otros dos son proclives a salivar por introducir gestos que esquematizarían la obra. 

Gravedad podrá suscitar tantísimos juicios válidos como públicos mapeados mercadológicamente hay. Para mí el más preciso, el más justo, son dos del New York Times. 1.- Gravedad es, menos un espectáculo de ciencia ficción que un cuento de Jack London en el espacio. 2.- En poco más de 90 minutos re escribe las reglas del cine tal como las conocemos. 

Sin pretender comparar carreras, habilidades o premisas creativas, Eugenio Derbez, por ejemplo, realiza No se aceptan devoluciones, película que abreva en lo peor de Adam Sandler -es decir, todo-, y es una tautología de toda su obra previa, de ¡Anabel! a la Familia Peluche. Yo le creo a Jacques Rancière cuando escribe que el cine hace coincidir una dramaturgia ficcional y una dramaturgia plástica. 

Y mientras Derbez está fijo, y conforme, en el primer tipo de dramatrugia, Cuarón se esfuerza en hacer coincidir las dos. Si el arte cinematográfico o literario o cualquiera, es una cuestión de contar historias, me parece que perfectamente podríamos dedicarnos a otra cosa. Es muy barato, por no decir también obsoleto, confiar una obra, primordialmente, a la trama, al suspenso. 

Pero bueno, cada quien decide en qué quiere fracasar.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

El hijo pródigo

Quizá lo de hijo pródigo sería enteramente cierto si Kimi Raikkonen hubiera regresado a McLaren. Donde dio su más alta versión durante cinco años consecutivos, del 2002 al 2006. Pero, desde que es el único campeón de la Scuderia (ganó el campeonato en 2007) luego de la era Schumacher, de algún modo el mito aplica. Fernando Alonso no es quien dice ser. Será el piloto más completo, pero no el más rápido, y se les olvida que el objeto de este deporte es que la vuelta que sigue tiene que ser más rápida que la anterior. En consecuencia se gana, se llega primero a la meta. Kimi es, sin duda, uno de los pilotos más rápidos de la historia. Y a veces, esa virtud, que para el aficionado de cepa es la única válida, no siempre se reconoce con un Mundial. Alonso, al igual que en el 2007 de McLaren, debe estar planeando su huida de Ferrari porque teme al duelo con un coequipero distinto de la mansedumbre de Fisichella, Trulli, Massa o Piquet Jr. El próximo año se enfrentará, por primera vez en su carrera, a un piloto más talentoso que él, no más o igual de completo, pero sí más rápido. Ahora sí, por primera vez en más de diez años veremos si es lo que decía ser -porque Kimi, todos sabemos de qué está hecho.