jueves, 19 de noviembre de 2009

Thierry Henry es un ladrón.
No por el acto cometido en si, o su intención, que rebatiblemente podría pasar por noble.
Tal vez justo lo que hizo, es lo que tenia que hacer, porque al final el fin no justifica los medios, pero el hecho lo supera todo, y esa acción concreta e irrevocable tiene a la selección gala en el mundial de nuevo (otro –ahora– hecho irrevocable, creo).
Y no pongo en tela de juicio su moral –que poco me importa–, o los motivos que lo llevaron a hacer lo que hizo, porque por la camiseta uno es capaz de lo que sea, más aún la del propio país, y más aún en situaciones desesperadas, como a la que enfrento el ariete francés el día de ayer; Maradona hizo lo mismo, en pleno mundial, y a pesar de que es uno de dos puntos álgidos recordados en su carrera y la marcan de por vida, al final el campeonato conseguido por la albiceleste en México 86 no se pone en tela de juicio por nadie.
No se, es verdad que siento una enorme antipatía por el seleccionado de fútbol de Francia desde hace ya algún tiempo, pero dejando de lado la misma, me parece un acto de mezquindad extrema la falta de huevos por parte del 10 de les bleus, al delegar su responsabilidad sobre la acción al arbitro; cobarde y mezquina aquella declaración donde busca deslindarse de responsabilidad. ¿Acaso no entiende de que trata la cosa? porque sí, claro que califica de injusta la manera en que están en Sudáfrica, pero tampoco cambia nada, están, y punto, y es por eso que el fútbol es la mas bella metáfora de la vida hecha deporte, igual que la misma, el fútbol es injusto.

Henrry parece no entender eso, parece temer más por el ‘quedirán’, o las criticas del medio. Te aseguro Thierry Henrry, que no te arrepientes, pero no das la cara, eres cobarde, y eso, en el fútbol como en la vida te marca de por vida. No es la mano en el área que hizo ese gol y tu pase al mundial posibles de lo que me acordare, sino de como culpaste al arbitro por ello, de el valor que te falto para aceptar que era lo que tenias que hacer en ese momento y vivir con ello, porque como en la vida, esto se trata de honor también; ese lo conservas aún en la derrota, o la muerte.

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